El proceso creativo de ELENA PENDÁS se acelera. Si hasta la anterior muestra su obra se encuadraba dentro de los límites del neo-pop clásico, con apoyaturas y referencias a Lichtenstein, Wesselmann, el graffiti, el comic o cierto expresionismo dramático, ahora se nos presenta en este otoño de 2006 con una derivación que desborda los límites del territorio estético que frecuentaba. No se aleja de la fantasía ni se aparta del vitalismo sentimental que la ha caracterizado desde sus orígenes pictóricos profesionales. Tampoco abandona la transparencia de sus emociones o el eterno retrato de la mujer como protagonista de las narraciones de color que viene realizando desde hace veinte años. Pero en esta nueva etapa, su discurso gráfico madura, su lenguaje se hace más elaborado, sus contenidos reflejan un crecimiento de comunicación más cercano a la sofisticación ornamental del Art Nouveau, del Modenismo urbano, de esas señas del buen gusto burgués de finales del XIX y principios del XX. Y el engorde no disminuye la fuerza habitual de su pintura, por el contrario, la hace más placentera, más gozosa, más provocativa y seductora. Tal vez también más cercana a su tiempo personal, al ambiente que la rodea, al público que sigue su obra.
miércoles, 1 de agosto de 2007
UNA, DE DOS

La evolución de ELENA se insinua como parte de un proceso de cambio al estilo de Lampedusa, cuando decía aquello de que hay que cambiar para que todo siga igual... Quiero decir con esto que ELENA no varía de postura, no hace transformismo, sigue siendo la misma. Pero con otras experiencias, sumando vocabulario a su discurso, creciendo. Su singular capacidad cromática adquiere giros y tonos de la mujer de hoy, con el refinamiento de la clase media de todos los tiempos... Su pintura no discute, no cuestiona, no irrita, no presume de intelectualizar el mundo..., lo siente. Lo vive con las alegrías y las tristezas de lo cotidiano dentro del sistema, con la aceptación de la realidad que tuvieron en su momento el rococó, el romanticismo, el simbolismo, el art nouveau, que buscaron el placer, reflejaron la sentimentalidad de su época, que acompañaron la vida con ganas de estar, sin acritud, como el neo-pop donde sigue estando ELENA, que nunca jugó al graffiti ácido o al comic de las irreverencias o agresiones. Que utilizó los mecanismos del Pop para transformar sus sensaciones, sus sentimientos, sus deseos, sus regocijos vitales, las ganas de vivir de una mujer joven, y que ahora lo sigue haciendo igual, pero con más intensidad, buscando nuevas experiencias, ampliando el horizonte de sus posibilidades creativas, acercándose al Modernismo que ya le está dando un calor especial, un clima de refinamiento más sensorial, más elaborado, una atmosfera de seducción que atrapa al espectador.
TIERRA PROMETIDA

La vuelta de tuerca que ELENA PENDÁS ha comenzado a dar en su pintura puede derivar en un notable enriquecimiento de su obra. Si a su neo-pop clásico le consigue sumar los aciertos plásticos del Modernismo, no se alejará de sí misma, por el contrario, es probable que se encuentre con una identidad más completa, con un arte más cercano y deseable para los seguidores de su tarea creativa. El modernismo pertenece a su entorno familiar, a su origen, no le es ajeno ya que desde la cuna se umbilica con su realidad actual. Si su coqueteo con él se consolida en romance estable, tengo la seguridad del exito de su nueva etapa pictórica.
(Manuel Alvarez Prieto. Escritor y crítico de arte, 2006)
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